domingo, 1 de noviembre de 2015

ELLA ES LA FLOR...LA BLANCURA...BELLEZA... LA NIEVE DEL ALMA…Suspiros


Cuando se es niño, cada evento escolar es EL EVENTO para los padres, los maestros y para cada uno de los alumnos quienes quieren mostrar al mundo los talentos desarrollado en el cole.



Para las maestras es un momento estresante, emocionante y gratificante, obsequiar a los padres y comunidad en general los avances de sus niños; si, sus niños, porque de una forma u otra se convierten en madres complementarias, esas que cuidan el detalle que a la biológica se le pasó. Esas que observan más allá de las simples rabietas, porque detrás de ellas puede esconderse un dolor, un sufrimiento o simplemente manipulación.

Mis hermanas y yo contamos con maestras excepcionales, que aún hoy siguen enseñando de oficio o sencillamente con su ejemplo como ciudadanas ejemplares. Donde quiera que esté una de ellas, quiero que sepan desde mi corazón que las amo, y que grandes cosas he logrado gracias a su esfuerzo, buenos consejos y dedicación.


En nuestra época de estudiantes escolares se festejaba a las madres en mayo, a los padres en junio, el pesebre de diciembre, los bailes de carnaval, y el baile de fin de curso. Total, nada más lejos de imaginar a una niña que no bailase durante cualquiera de las múltiples oportunidades anuales para festejar.

El título de la entrada es una de las estrofas del himno a la Virgen Niña de la congregación de las hermanas de La Presentación, colegio en el que hice mis estudios básicos, y canción que repasábamos una y otra vez hasta que quedase los suficientemente entonada para que luciera hermosa el día de la misa o de la procesión. No hay baile o evento que recuerde, en el que esa canción no venga a mi memoria y me deje una sonrisa en el rostro. 




Teníamos maestras integrales muy exigentes en esto de las artes. Nuestras instructoras de música casi siempre Hermanas del Colegio y las mejores coreógrafas, nuestras maestras. Como para ese momento era una institución exclusiva de niñas, nos repartíamos los papeles de varones cuando así fuese necesario.




Rosaura, Cecilia, Gloria, Mirla, Iselsa, Lilita, Quisquella, Madre Isabel, Madre Teresa, Madre Eloisa, Madre Sobeida, Madre Auristela, nombres entre muchos otros que jamás podrán ser borrados de las mentes de aquellas que recibimos su amor. Muchos son los que quedan por mencionar, pero como el corazón es grande y no sabe de fronteras, ellas, todas ellas, siguen habitando en ese espacio.

Pero mucho más allá del recuerdo quiero reflexionar sobre la importancia que se le daba a la difusión de lo típico, de lo que es nuestro, de la música y los bailes de la propia tierra. Era un caleidoscopio de apellidos extranjeros los que figuraban en los grupos de danza por sección en el colegio. Había italianas, árabes, portuguesas, españolas, colombianas y todas bailando sabroso al compás del típico pajarillo. Los bailes contaban con expresiones de toda la geografía nacional y quienes normalmente abrían eran las niñas de preescolar con alguna fantasía también alusiva a lo abundante de nuestra tierra.  








Hoy día la historia es otra, y es gracioso saber que mientras en Utha y en Madrid hay quienes se empeñas en que sus hijos, que quizás no nacieron en la cuna de Bolívar pero llevan sus raíces, aprendan a bailar joropo y a pedir bendición, en nuestro país los muchachos aman montar bailes tecno antes que conocer cuáles son los pasos de su folklor. Pero así es la vida y es maravillosa, así es como la arepa va a ser conocida en otros lares y las hamburguesas, el tabule o la pizza se perfeccionan en nuestra mesa.

En esta oportunidad quiero hacer un homenaje a la inocencia de la niñez y a la ternura del corazón de mis maestras compartiendo con Ustedes esa maravillosa y sencilla receta que son los dulces y blancos suspiros.


SUSPIROS
Receta de María Eugenia Montilla


foto tomada de www.revistadominical.com.ve

Ingredientes:

5 claras de huevo
150 gr de azúcar
150 gr de nevazúcar


Procedimiento:

Se mezclan los dos tipos de azúcar en un recipiente. Aparte se baten las claras y se montan a punto de nieve (bien firmes) antes de comenzar a agregar el azúcar. Una vez montadas las claras se le va agregando el azúcar en forma de lluvia como 2 o 3 cucharadas a la vez y se van batiendo. Una vez que termine de agregar el azúcar podrá comprobar que el suspiro tiene el punto correcto. ESTAN BIEN FIRMES y al levantar la batidora no debe escurrir. Si le falta punto, bata otro poco más hasta lograrlo.

Para el horneado, no lo haga en bandeja engrasada. Coloque papel encerado en la bandeja y los pueden hacer al gusto. Colocar cucharaditas o para mejor presentación con manga y boquilla. Ellos crecen un poco en el horno. El horno debe colocarse más o menos a 150 ºC. Debe ser más bien bajo porque si se coloca muy caliente, se van a dorar pero estarán crudos. Ellos están listos cuando al tocarlos por fuera no se pegan de los dedos y se sienten tostaditos. Más o menos 30 a 45 min.

Si se sacan del horno y no están listos, al rato se bajaran y se pondrán pegajosos. Si esto te sucede, colócalos nuevamente en el horno y listo.
   


1 comentario:

  1. Hermoso post, me robó sonrisas y lágrimas hermosas, me trajo los más bellos recuerdos de mi infancia! Gracias

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