sábado, 6 de junio de 2015

LORITO PINTAAO DE AMARILLO VERDE Y COLORAOO…Mermelada de guayaba.





José Lorenzo

Desde que tengo uso de razón, en la casa de mis abuelos maternos en el interior del país, vive un loro hermoso que se llama José Lorenzo. Hoy día, después de analizar la edad del loro, infiero, que tiene dentro de su memoria genética el conocimiento natural de la eterna juventud: las guayabas del patio de la casa.

Si, las guayabas. Ese rico manjar constituye la mayor parte de la alimentación de mi querido animalito, y las saca del gran árbol que aún adorna el centro del patio de la casa familiar, recargando de su aroma y vitaminas a todos los que la visitan.

Durante el tiempo de su vida, José Lorenzo ha pasado por varias etapas. Cuando yo estaba chiquita y vivía allí, me llamaba Isabel Ceciiia, otras veces cuando moría de hambre llamaba abueeeeelaaa, pero siempre, aún hoy, cuando se acuerda en el día, canta su canción: Loriiito pintaaaao, de amariiillo verde y coloraaaao…truuua lorito!! Con este canto obsequia un rato ameno a quienes lo quieren compartir.

También había en casa matas de guanábana, mamón e ixoras, todas ellas engalanando ese lugar de grandes vivencias y que en otrora fungían de escondite para los niñitos que corríamos sin parar hasta que nos rendía el cansancio o hasta que nos regañara algún adulto gruñón. La pandillita de entonces Fernando, Omarcito y Yo, disfrutamos hasta más no poder de esas ricas correrías. Algunas veces se unían Edgar Rafael y Javier, los sobrinos de mi madrina, quienes en lejana línea, terminaban siendo mis primos también.

Recuerdo que cuando no estábamos en casa corriendo de un lado a otro, jugábamos por todo el vecindario aledaño a la plaza, y en una de esas esquinas quedaba una cafetería  que hoy no recuerdo de quien era, pero lo que sí recuerdo y aún me mueve la fibra, es el rico aroma entre café tostado y helado de vainilla. Dios, toda una delicia. Mi olfato se gozaba de manera sincera cada vez que por allí pasábamos. Al frente de la casa quedaba una clínica, y un poco más allá la “Academia”, era una casa grande donde las señoritas aprendían mecanografía. Guao!, recordando esto me dí cuenta que pertenezco al siglo pasado jajajaja.

Del otro lado de la casa, convivían y aún lo hacen, la Catedral, una Iglesia Adventista y una Logia Masónica. Que quién las visitaba? no lo recuerdo; pero lo que yo si se, es que jamás se faltaron al respeto los unos a los otros, lo que me permitió tener conciencia desde pequeña de la convivencia con tolerancia.

La casa de mis abuelos tenía un zaguán para entrar cuyas puertas permanecían abiertas hasta lo que se podía considerar entrada la noche, y a pesar de eso, no pasaba naaaada. Las visitas eran bienvenidas y pasaba un sinfín de amigos cada día con historias diferentes y muchísimo afecto para compartir. Esa es mi Venezuela, en la que yo crecí y que un día ha de ver a mis nietos, pero por supuesto, remozada.

Te cuento que mi mamá hacía una mermelada muy rica, pero como entonces tenía quien me la hiciera, no me preocupé por guardar la receta, sin embargo, busqué una muy parecida para que la compartamos, y te garantizo, que si la haces con cariño, va a resultar ser un manjar sano y grandioso para ti y para los que te acompañen en tu comida, y adicionalmente vas a compartir el secreto de la inmortalidad que tan celosamente guarda José Lorenzo, que a la fecha de hoy tiene por lo menos 50 años!!!
   

MERMELADA DE GUAYABA

Ingredientes

1/2 Kg Guayabas
350 gramos de Azúcar morena
1/3 taza de agua

Paso 1: Pelar las guayabas y colocar en una licuadora con el agua hasta obtener un puré.

Paso 2: Junto con el azúcar colocar en una olla a fuego bajo por alrededor de una hora, mezclando frecuentemente para evitar que se pegue.

Paso 3: Retirar cuando espese.

Paso 4: Almacenar en un frasco de vidrio previamente esterilizado.




Imagen tomada del blog zulmy.blogspot.com

2 comentarios:

  1. Cuantos recuerdos y alegrías me has contagiado con tus relatos de vacaciones en casa de los abuelos. Yo crecí y viví allí 17 años, que no los cambio por nada.
    Estoy segura y lo afirmo que la guayaba ha sido y sigue siendo la causal de tanta longevidad (yo digo que José Lorenzo tiene 50 años) y la buena salud del loro y de los que hemos vivido y siguen viviendo en esa casa gran parte de la deben a esos árboles frutales centenarios (también hay Mango, Mamón, hubo Limón, GrapeFruit , Mandarina...) uffffque recuerdos.
    Aquí al otro lado del charco añoramos los jugos naturales de todas estas frutas, y es una pena.

    Un beso .

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    1. A la final del cuento, uno no se va de ningún lado porque realmente los llevamos atesorados en el corazón. La distancia física molesta un poco, pero cuando cierras los ojos vuelves ahi, a ese sitio de felicidad y bellas vivencias. Gracias por ser parte de esta historia. Un beso!

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